Alange
La cercanía de la población alangeña a Mérida y las virtudes curativas de sus aguas termales motivaron su reconocimiento en época romana e incluso siglos después durante la ocupación árabe, recordándose durante siglos y utilizándose con cierta continuidad por quienes vieron en estas termas y sus aguas un medio natural para la cura de problemas físicos.

Aún se conservan importantes estructuras de la primitiva estación termal romana e inscripciones y restos arqueológicos que atestiguan claramente su relación con los fundadores de Emerita Augusta.

La llegada de la cultura visigoda a estas tierras traerá consigo la más que probable decadencia de los baños termales en Alange y en otras muchas poblaciones que disponían de termas.

Con la dominación árabe se recuperarían algunas normas y costumbres muy parecidas a las romanas y entre ellas el uso de las aguas termales, que como es bien sabido, formaban y forman parte de sus costumbres y creencias.

La ocupación de Extremadura por los Reinos de León y Castilla, traería consigo el total abandono del Balneario, que no volverá a ser utilizado hasta finales del S. XVIII gracias a D. Mateo Antonio Vaca de Vargas y D. Cristóbal del Solar, vecinos de Villafranca de los Barros que trabajarían por su rehabilitación.

El S. XIX fue una centuria positiva para el Balneario de Alange, destacando la autorización de la Diputación Provincial de Badajoz para reformar en 1822 el Balneario, iniciándose su construcción definitiva sobre la antigua laguna donde nacían y brotan las aguas del manantial.

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